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RESÚMENES

Fotoprotección

Nuevos conocimientos en fotoprotección

Presentado por: Harvey Lui, MD, FRCPC
Dept. of Dermatology and Skin Science, University of British Columbia, Vancouver, BC, Canada

Los seres humanos mantienen una relación particular con el sol, tanto de tipo religioso, cultural como científica. En este último sentido, se estudia la relación entre los rayos ultravioletas (UV) del sol y la piel de los seres humanos. Para conocer el efecto que la luz del sol puede tener sobre la piel es indispensable recordar el espectro electromagnético de la luz que va desde los rayos UV en un extremo hasta los rayos infrarrojos (IR) en el extremo opuesto.

Los rayos UV son altamente energéticos y por esta razón pueden causar cambios moleculares en la piel que consisten en ruptura del ADN, del ARN y de proteínas. En la medida en la que los rayos UV dañan el ADN, causan cáncer de la piel. La elevada energía voltaica de los rayos UV es absorbida por el ADN, ARN, pre-vitamina D y proteínas. Se ha visto que cuando la radiación ultravioleta es absorbida, tanto por el ADN como por el ARN y por moléculas de ARN no codificante y resultan dañadas, se activan unos detectores del ARN dañado que corresponde a los TLR 3 (toll like receptors 3) que lo reconocen y desencadenan una reacción inflamatoria con el propósito de eliminarlo. Los rayos UV son invisibles, penetran escasamente en el tejido por lo que se perciben poco, aunque dañan constantemente la piel. En consecuencia, la protección contra los rayos UV suele iniciarse tardíamente. Por el contrario, los rayos IR tienen efectos térmicos, no rompen uniones moleculares y, por lo tanto, son menos dañinos que los rayos UV para la piel. Además, son visibles, se sienten (queman) por lo que la protección suele ser más oportuna (gafas de sol, cremas protectoras, evasión por la molestia que causan...).

Los protectores solares fueron desarrollados originalmente para prevenir las quemaduras solares.

Actualmente las cremas solares son fundamentales para la prevención del cáncer de piel, del envejecimiento de la piel, y de las fotodermatosis cuando hay especial sensibilidad a la luz.  Habitualmente se recomienda aplicar la crema solar 30 minutos antes de ir al exterior. Sin embargo, las cremas solares actúan tan pronto como se colocan sobre la piel; no necesitan un tiempo para activarse, y su efecto es instantáneo. También, se habla de cremas solares químicas, que absorben los rayos UV; cremas solares físicas que actúan bloqueando los rayos UV; cremas solares orgánicas e inorgánicas, solubles y no solubles. Se ha visto que las cremas solares que contienen TiO2 y ZnO, que se ven blancas, actúan mayormente absorbiendo los rayos UV y reflejando la luz visible.

Existen diversas preocupaciones en la población general en relación con el uso de cremas solares, tales como si se usan adecuadamente, el costo, si causan o no cáncer, si causan o no alergias por contacto, si inhiben o no a la vitamina D, si son seguras en niños, si son tóxicas; puede existir aversión a utilizar compuestos químicos sobre la piel.... La realidad es que cualquiera de estas preocupaciones son muy menores frente al beneficio de prevenir el daño en la piel por los rayos UV del sol. Existen alternativas más “naturales” con aporte de vitamina A, C o E; derivados de plantas como polifenoles (en el té y uvas) o el poliypodium leucotomos (extracto de helecho) o sintéticos, como los análogos de la hormona estimulante del melanocito alfa (α-MSH) con capacidad protectora variable.

Los dos mecanismos principales por los que la piel resulta dañada por los rayos UV del sol son por el efecto fotoquímico directo en el ADN de los rayos UV absorbidos, y por efecto indirecto vía activación de radicales libres del oxígeno y anión superóxido (ROS). Las cremas solares se quedan encima de la piel (formando una capa protectora) y evitan la absorción de los rayos UV mientras que los antioxidantes contrarrestarían la acción vía ROS. Por lo tanto, las cremas solares no deben absorberse mientras que los antioxidantes requieren ser absorbidos para actuar. Los antioxidantes son moléculas altamente inestables con una penetración errática a través de la piel. Un desafío para los productores de protectores solares es lograr la combinación en un mismo producto de una crema que permanezca en la superficie de la piel y de un antioxidante que se absorba, para que cada uno cumpla su función correctamente. Sin embargo, en relación a las nuevas estrategias para fotoprotección que se están investigando, existe evidencia muy limitada con estudios que arrojan resultados no concluyentes y dispares, y la eficacia es, en general, baja, de momento.

Es la protectora solar natural de la piel. La melanina absorbe fotones durante la exposición al sol y protege del daño directo al ADN de las células de la piel por los rayos UV. Sin embargo, se ha visto que la melanina absorbe energía voltaica de los rayos UV y, a veces, la energía voltaica absorbida por la melanina puede causar daño tardío del ADN. Normalmente, la mayor parte de esa energía se transforma en calor y se elimina como tal (de allí la sensación de calor que aparece tras la exposición al sol). Sin embargo, parte de esa energía se conserva y reacciona con el ADN y puede causar un daño similar al que aparece por exposición directa a los rayos UV. Se producen cambios enzimáticos durante los primeros minutos a horas, y cambios mediados por ROS. Por lo tanto, en ciertas ocasiones, la melanina puede ser perjudicial para la piel, por lo que es importante cuidar la protección solar, así como la melanina presente naturalmente en la piel.

Es importante transmitir mensajes simples, sencillos y prácticos para los pacientes para facilitar que utilicen sus cremas solares. Se ha de recomendar que se apliquen adecuadamente la crema la primera vez, no hace falta esperar 30 minutos ni reaplicar cada dos horas a menos que haya sudoración profusa o se hayan dado un baño. La reaplicación de la crema solar, no obstante, es importante a lo largo del día porque las cremas se tornan inestables por acción de la luz.

Otro aspecto de las cremas solares es el factor de protección. Es importante utilizar una crema con factor de protección 30, como mínimo. Cuando se aplica una crema solar con factor de protección 15 se bloquea el 93,3% de los rayos UV; con un factor de protección 30 se bloquea el 96,7% y con factor de protección 50, el 98%. Sin embargo, la cantidad de beneficio que se obtiene en términos de la cantidad de radiación filtrada con un factor de protección 30 comparado con 50 no es muy significativo. También es fundamental utilizar cremas solares a una densidad de 2 mg/cm2 (recomendado por la Food and Drug Administration) dado que cremas solares poco densas no aportaran protección suficiente. Es crucial limitar al máximo la cantidad de radiación que está alcanzando la piel durante la exposición al sol.

Mensajes claves

  • Al considerar el espectro electromagnético de la luz del sol es importante tener en cuenta la cantidad de energía que se absorbe y la cantidad de rupturas moleculares que pueden producirse en la piel, en consecuencia.
  • Los rayos UV son dañinos porque tienen energía de alto voltaje con una potencia suficiente para romper enlaces químicos, moleculares en la piel. La prevención de su efecto nocivo es tardía porque no son visibles ni se sienten sino hasta que ha pasado bastante tiempo.
  • Las cremas solares son agentes químicos que contienen metales inorgánicos en su composición (TiO2, ZnO) que principalmente absorben los rayos ultravioletas y reflejan la luz visible.
  • Las cremas solares actúan como filtros de los rayos UV y quedan sobre la piel sin absorberse para que puedan cumplir con su función protectora.
  • La melanina, a veces, puede tener efectos no deseados sobre la piel.
  • A la hora de hacer recomendaciones sobre foto-protección, es crucial tener en cuenta la cantidad de radiación y de energía que llega a la piel por la exposición al sol y sus consecuencias potenciales.


Principales referencias bibliográficas

Conflictos de interés: el conferenciante declaró que no existían conflictos de interés relacionados con los contenidos de su ponencia.

Redactado por: Silvia Paz Ruiz, MD

Revisado por: Victor Desmond Mandel, MD


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